sábado, 6 de diciembre de 2025

 

POR QUÉ ODIO LA CIENCIA FICCIÓN

El futuro es reaccionario. El pasado no lo es. El futuro es reaccionario porque es ideológico. Solo puede pensarse de dos maneras: individualmente como fantasía. Es la ciencia ficción. Colectivamente, como ideología, es la revolución. Ambas se caracterizan porque una sola mente imagina. El escritor o escritora de CF proyecta sus ideas y construye o diseña (horrible palabra) todo: cómo se organiza una sociedad, en qué paisaje, con qué tecnología, etc. Por inteligente que sea y por buen escritor que resulte, su mundo siempre será pobre, y siempre determinista.

El futuro colectivo es más interesante pero igualmente pobre: la sociedad comunista, el reino de Dios en la tierra, la igualdad vegana de las especies, o sus versiones distópicas, el colapso, el cambio climático, el fin del mundo, me hacen bostezar. Movilizan a muchas personas y a veces logran que la realidad se acople. Ha habido revoluciones basadas en ideas, qué duda cabe, pero su descripción inicial siempre ha sido penosamente pobre. Marx es un historiador genial y un mal oráculo.

Por el contrario, el pasado es asombroso y está totalmente abierto. Todo lo que sucedió podía no haber sucedido y mucho de lo que no sucedió, sucederá. Eso es una fantasía, como dicen ahora los jóvenes. Uno puede sumergirse en cualquier periodo y empezar a imaginar cómo fue, cómo pudo ser, qué será en el futuro, que hilos de oro, tendencias ocultas, corrientes subterráneas, saldrán a la luz o seguirán secretas. Y lo mismo puede decirse de la propia vida, una fuente inagotable de pensamiento y de cambio, frente a la aridez del futuro que uno imagina, que siempre es más de lo mismo, salvo que nos toque la lotería, versión mundana de la revolución. Para entender la Historia y la propia biografía, hace falta mucha imaginación. La imaginación es la herramienta del historiador, la fantasía es la herramienta del revolucionario y del escritor de ciencia ficción (y de todos los dictadores, dicho sea de paso). La imaginación es la capacidad de hacer vivir, de revivir lo que ya no está y es múltiple en sus posibilidades, en sus variantes; la fantasía es la capacidad de seguir una idea hasta sus últimas consecuencias (al final está la muerte, normalmente de otros).

La razón por la que el pasado es libre es porque nunca lo hace o lo piensa una única mente, individual o colectiva. Su pluralidad radical convierte cualquier determinismo en falso, sabotea cualquier plan de los dioses o de los poderosos, recita su único mantra “nada está escrito”. Por eso, si odio la ciencia ficción, odio mucho más la fantasía histórica, que es la ciencia ficción del pasado. Esa es reaccionaria siempre, señores del anillo, y otros melindres que aplican una moral sobre la Historia, que nunca se hace para enseñarnos nada, solo faltaría. Poner orden en el futuro es ridículo pero humano. Poner orden en el pasado es un crimen pues aplica el bostezo a la vida más alegre que existe y al pensamiento más libre.  

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